Opinión

El Principito no es solo una obra para niños. Es un relato lleno de sabias preguntas que pueden servir de estímulo, a cualquier edad y etapa de la existencia.
Esa “normalidad” es la de los intereses de la revolución y el socialismo que forcejean contra el aislamiento de las naciones, el rechazo popular y los cada vez más exiguos montos de divisas.
El país dejó de ser una caja de sorpresas porque la gente se levanta todos los días con la seguridad de la invariabilidad del día con relación al anterior.
Pobre Fernández, entre la interna, con la familia Kirchner y seguidores picaneando y la externa, va a tener una ardua tarea. La cosa no se arregla con declaraciones, ni con la ayuda del papa Francisco.
Estar próximo a una persona con esas características es una dicha: son cariñosísimos, leales, sinceros, tanto, que no tienen filtros. Dicen lo que sienten, en ocasiones lo que los seres “normales” consideramos imprudencias.
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