La destrucción de un país y una sociedad por la violencia devastadora, huracanada, ciclónica o por etapas fría y perversamente calculadas es exactamente lo mismo.

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Estamos atravesando horas, días y semanas aciagas en distintas latitudes de América Latina y otras latitudes mundiales. El huracán de la violencia se ha abatido en estas tierras destruyendo, quemando y destrozando a mansalva todo vestigio y manifestación de cultura, arte, ciencia, progreso y mejor calidad de vida. La consigna es utilizar la estrategia de “tierra arrasada”, tal como lo hicieron los rusos durante la invasión nazi a la hoy desaparecida Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial, pero ahora, con perversas y sofisticadas estrategias englobadas en lo que sus promotores neocomunistas han dado a llamar pomposamente como la “guerra asimétrica”.

Tal versión del nuevo belicismo del siglo XXI se traduce en desatar un conflicto violento en el que se constata una abismal diferencia cuantitativa y cualitativa entre los recursos militares, políticos y mediáticos de los contendientes comprometidos, y que por lo tanto obliga a los bandos a utilizar tácticas atípicas que rebasan el manido marco de la tradición militar recurrente. Entre estos se encuentra la guerra de guerrillas, la contrainsurgencia, el terrorismo de Estado, la guerra sucia, la promoción de un estado de anarquía social, generada por desórdenes callejeros acompañados por incendios a lugares culturalmente emblemáticos, la destrucción de comercios y del transporte urbano, la paralización de la ciudadanía mediante el terror y la intimidación, la quema de centros de culto religioso y otros tantos actos que tienen como fin desmoralizar un país y una sociedad.

En la guerra asimétrica, a juicio del autor Schmitt “la distinción amigo-enemigo se difumina, hasta desaparecer. Absolutizando su causa, el partido, el partisano, se transforma en un enemigo absoluto. Y, por supuesto, aquellas relativas a los contendientes. Y es que existen una multitud de factores que producen violencia estructural (pobreza, hambre, carencia de justicia social) lo cual se traduce en desorden y genera violencia social, anarquía criminal, tráfico de drogas, crimen organizado, etc. Esas condiciones tienden a ser explotadas por fundamentalistas, terroristas, etc., es decir por actores no estatales (grupos sin el apoyo formal de un Estado y que pueden llevar a cabo acciones militares) para alcanzar sus objetivos (organizaciones subversivas, armas de destrucción masiva, terrorismo) articulándolas en su discurso”.

Una versión de la guerra asimétrica es aquella que llevan a cabo regímenes políticos que, paradójicamente, han llegado al poder por la vía del voto ciudadano, amparados por una democracia condenada a desaparecer de acuerdo a una planificación que prevé la destrucción de la misma, así como de todo vestigio de sociedad pluralista y ciudadanía activa. En un conocido portal de internet encontramos un interesante trabajo en el que se hace referencia a este tema, en el que se señala lo que sigue: “Un pueblo idiotizado, unas clases medias profundamente ignorantes y concupiscentes, y un líder disolvente, son tres características cruciales para acabar con cualquier país. Ese es el caldo de cultivo que luego permite avanzar sin mayores problemas hacia una fatal desintegración”. La pregunta es: ¿Cuáles serían los diez pasos que cualquier tirano preferencialmente de corte izquierdista populista debería considerar para imperar sobre las ruinas de su país?

El itinerario para llevar a cabo la destrucción de una república democrática se le atribuye a Lenin, con agregados de Stalin, el cual fue incorporado a las estrategias de guerra política asumidas por el Che Guevara y Fidel Castro, siendo heredado por sus discípulos agrupados en el Foro de Sao Paulo y organizaciones satélites. A continuación una síntesis de los pasos para recorrer el siniestro camino conducente a la destrucción lenta pero segura de la democracia y la sociedad, recomendado a los líderes del neocomunismo del siglo XXI:

1. Apóyese en los mitos que afirman el fracaso de los latinoamericanos. Esta estrategia debe ser respaldada por campañas mediáticas que tiendan a convencer a la sociedad sobre la corrupción de sus líderes, la falsedad de la democracia y el poder económico como autores materiales e intelectuales de la pobreza y la injusticia. Se insistirá en denunciar a los “ricos”, las “cúpulas podridas”, las “castas”, etc…

2. Practique el populismo lo más intensamente posible. Invístase en el halo mesiánico que caracteriza al que supuestamente “todo lo puede hacer”. Asuma el papel del vengador, redentor, libertador del “pueblo oprimido”. Apóyese en una Asamblea Nacional Constituyente para elaborar una Constitución a su medida.

3. Transfórmese en el líder que necesitan las masas. Construya por sí mismo una épica “gloriosa”. Conviértase en showman. Diga chistes estrafalarios. Desdeñe la educación, la cultura, la ciencia y el arte. Insulte, descalifique, búrlese, sea mordaz.

4. Expropie, expropie, expropie. Desconozca las garantías constitucionales en torno a la propiedad privada. Practique la justicia del populacho. Invoque la falacia de que “toda propiedad es un robo”. Fomente la ocupación de la propiedad privada.

5. Cualquier idea descabellada transfórmela en empresa pública. Lance satélites, cree gasoductos continentales, energía nuclear, carrera armamentista e insista en discursos que destaquen la potencialidad del país.

6. Asuma que la productividad es enemiga del pueblo y una trampa del capitalismo. Fomente la dependencia del hombre al asistencialismo del Estado. Amarre a la gente por el estómago y el bolsillo. Asegúrese votos manipulando la miseria.

7. Que todos sean siervos del gran hermano llamado régimen. Elimine el sentido de ciudadanía y conviértalo en “poder popular”. Fomente la delación, el espionaje, la censura. Haga que funcione cuerpos paramilitares de control social.

8. Dentro de la revolución, todo; fuera de ella, nada. Reprima, reprima, compre conciencias, persiga, encarcele, destruya a quienes se le resistan. Divida y reine.

9. Haga todo lo posible para que las clases medias abandonen el país. Estimule la desbandada. Hágales la vida invivible. Utilice a la delincuencia para robar, atracar, secuestrar a personas de la clase media o pequeños burgueses.

10. Compre colaboración y financie el elenco que finge ser oposición. Confunda, fracture, destruya, corrompa, envilezca a quienes le adversan. Amolde una oposición a su gusto. Persiga, encarcele, exilie, asesine, a quienes le resistan.

La destrucción de un país y una sociedad por la violencia devastadora, huracanada, ciclónica o por etapas fría y perversamente calculadas es exactamente lo mismo. Para quienes creen en la posibilidad de diálogos y convivencias, una frase del Che Guevara: “¡El odio es el elemento central de nuestra lucha! ¡Esta es una revolución!”.

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