Las apariencias engañan. Mientras Maduro baila salsa y pierde terreno, Guaidó, en su stillness continúa avanzando en el cese de la usurpación.

@cjaimesb

Stillness, en inglés, significa inmovilidad. Pero desde hace un tiempo stillness también se refiere a una calma dentro de una gran tensión. Aquel que, en una situación de peligro, confusión o gran tensión, tiene la capacidad de concentrarse en el orden de prioridades. El concepto lo desarrolló el americano Ryan Holiday.

Esta nueva acepción es aplicable al presidente Guaidó. Puede que no se perciba la magnitud, la complejidad y lo delicadas que son tanto las funciones como las responsabilidades que pesan sobre sus hombros, pero él presenta una imagen de tranquilidad, sosiego y control de su ser interno que pareciera indicar a quienes lo vemos que está en una suerte de burbuja protegida, cuando la realidad es que él constituye el centro neurálgico de una red interconectada de informaciones, obligaciones, funciones y estrategias que están en constante actividad.

Hay una gran diferencia con Maduro: el estilo de éste se basa en proyectar control recurriendo a distracciones como atacar a las personas, burlarse, disminuir la importancia de eventos que sí la tienen, exagerar el valor de acciones nimias, hacer chistes bobos, meter la pata adrede, incluso cantar y bailar solo o acompañado. Incorpora en sus cadenas largas conversaciones con desconocidos que son absolutamente superficiales.

Tenemos entonces dos líderes con sus problemas y sus redes de conexiones y la pregunta es ¿cuál de ellos es quien proyecta sensatez, parsimonia y control?... Uno, el que practica el stillness avanza paso a paso y obtiene resultados. El otro, que practica el populismo dicharachero que más bien parece un espectáculo de entretenimiento, cada día pierde algo o incurre en un error que le hace perder terreno, como no haber dejado entrar al país al periodista John Carlin, experto en negociaciones con amplia experiencia en los procesos latinoamericanos y surafricano. Podrá haber sido pan y circo para los miembros de las bases del PSUV, pero a los ojos del mundo, que es lo importante, fue una torpeza. Más le hubiera valido dejarlo entrar y que se reuniera con trescientas personas, que la pésima imagen que le causó una medida tan mediocre.

Las apariencias engañan. Mientras Maduro baila salsa y pierde terreno, Guaidó, en su stillness continúa avanzando en el cese de la usurpación.