De lo que en años anteriores significó trabajar en una empresa básica, solo queda el recuerdo, pues hasta los salarios fueron desmejorados.

Hasta hace unos años, trabajar en cualquiera de las empresas básicas de Guayana significaba recibir una serie de beneficios y desarrollarse profesionalmente. Hoy, estas industrias fueron llevadas a la ruina, y hace exactamente un año, junto con la reconversión monetaria de Nicolás Maduro, fueron aniquilados los contratos colectivos, que garantizaron una serie de beneficios laborales que ha llevado a los trabajadores a ingeniárselas para subsistir.

“Nos acabaron todo el salario, no hay salario, el patrono lo que nos da es una limosna. Los trabajadores se las ingenian, tienen que taxear, vender en el mercado, hay trabajadores cociendo zapatos, limpiando calles, porque tienen que ganarse el sustento del día a día para llevarlo a sus casas, porque cuando un niño está pidiendo comida, no le puedes decir que el dólar subió o que no me pagaron completo, tienes que resolver en tu casa las necesidades primordiales”, denunció Juan Moya, dirigente sindical de CVG Alcasa.

Al cumplirse exactamente un año desde la aniquilación de las convenciones colectivas y tablas salariales, trabajadores de las diferentes empresas básicas realizaron una marcha por la restitución de sus beneficios contractuales.

“Hicieron unas tablas salariales que ellos llaman la maqueta y aplican ese pequeño salario, donde todos los conceptos fueron eliminados, viajes adiciones, prestaciones. Una persona con 35 años de servicio lo que tiene son 70.000 o 75.000 bolívares de prestaciones, eso no puede ser, en unas vacaciones podría sacar más que lo que saca en unas prestaciones”, denunció José Saracual, delegado sindical de Sidor con 35 años de servicio.

“Hace un año se le ocurrió a este régimen eliminar los contratos colectivos, las tablas salariales, los flujogramas de cálculo, todos los beneficios, y esto trajo como consecuencia pobreza, baja calidad de vida. Maduro es el causante de la tragedia que vive Guayana. Los trabajadores salieron a defender sus tablas salariales que significaron años de lucha, se las ganamos a adecos y copeyanos, pero también al chavismo tragando gases lacrimógenos”, manifestó el dirigente sindical de Alcasa, Henry Arias.

Se refirió también al encarcelamiento y condena contra el dirigente sindical de Ferrominera, Rubén González.

“Este régimen comenzó una persecución contra Rubén González, no le perdonaron que haya defendido a la clase trabajadora, lo persiguieron hasta que le dictaron sentencia, se inventaron una argucia leguleya para tratar de callar nuestras voces”, agregó.

Estilito García, miembro de la Intersectorial de Guayana (ITG), consideró que el caso de Rubén González es el reflejo del riesgo de la libertad de los trabajadores. “Lo sentencia a cinco años y nueve meses de prisión, para tenerlo de trofeo para asustar a la gente y los trabajadores”.

Rigoberto Carrero, jubilado de Ferrominera, recordó que anteriormente contaban con comisariato, pago de escuela para los hijos de los empleados, seguro HCM, servicio funerario, y otros beneficios contractuales que hoy no perciben.

“Los jubilados anteriormente cobrábamos nuestras prestaciones por contratación, más 28 meses a salario básico, que logró por contratación colectiva Rubén González, que por segunda vez está preso por defender los derechos de los trabajadores”, señaló Carrero.

Añadió que no solo exigen la libertad de González, sino de todos los presos políticos. Asimismo, recordó el caso de Rodney Álvarez, preso desde 2011 por el asesinato de Renni Rojas en el portón de Ferrominera. Hasta ahora sigue encarcelado en la cárcel El Rodeo II sin un juicio ni condena.

“Todos saben quién fue el asesinato y está libre. Rodney no ha tenido sentencia, se declaró en rebeldía porque ha ido a tribunal y el fiscal no ha hecho presencia, y ahora el secretario del tribunal lo presiona ofreciendo una medida cautelar”, denunció.

Gustavo Barrios, secretario de trabajo y reclamo de Ferroven, llamó a la reflexión, y afirmó: “hoy es Rubén, Otoniel Ramos, Geovanny Zambrano (estos dos últimos trabajadores de Corpoelec presos y acusados por el apagón de marzo), mañana puede ser cualquiera de nosotros”.

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